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«El cristianismo debe dar razón de su esperanza a quien que se lo pida, sean cuales sean las circunstancias históricas y el estado de ánimo con el que culturalmente afronte su futuro. Pero en ningún caso sus características, favorables o no a la esperanza intrahistórica, pueden condicionar el contenido de la virtud teologal de la esperanza, pues depende exclusivamente de la Promesa de Dios». Es de esta esperanza cristiana y de sus razones sobre lo que nos habla F. J. Vitoria en este delicioso cuaderno, un cuaderno que puede darnos un poco de luz en tiempos de incertidumbre y oscuridad.
Desde hace décadas asistimos al desmantelamiento de todo aquello que tiene que ver con la comunidad. Esta afirmación no debería sorprendernos: la hemos oído y repetido en multitud de ocasiones, hasta el punto de considerar que el auge del individualismo en detrimento de los valores comunitarios es una de las causas que explican los males que amenazan a las sociedades contemporáneas, especialmente a las que hemos convenido en denominar «occidentales». Por esta razón, el curso pasado dedicamos el seminario social de Cristianisme i Justícia a reflexionar sobre esta cuestión. En este Papel encontraréis una síntesis de lo que en este espacio se habló.
La pregunta sobre si es posible la experiencia espiritual tiene una respuesta inmediata: sí, sin duda. La persona es un ser que trasciende constantemente los mecanismos biopsíquicos. Y esto no solo se ve desde las religiones y la teología —donde la cuestión parece una obviedad—, sino también desde la filosofía, la antropología, el mundo del arte o la educación. Pero responder solo con este «sí» sería una verdad a medias. En este cuaderno el autor explica de una manera argumentada como la cultura occidental, ha condicionado nuestra mirada a la realidad desde hace siglos, alejando esta posibilidad y haciéndola especialmente difícil.
En noviembre de 2023, un grupo de familias del barrio barcelonés del Poblenou quisieron responder al malestar que generaba un consenso social enquistado: la idea de que el paso a secundaria era el momento establecido para dar un teléfono inteligente a sus hijos e hijas. El movimiento tuvo más impacto de lo esperado y miles de familias de todo el Estado se unieron. Una de las personas que más activamente ha participado y participa en este movimiento, Xavier Casanovas, nos explica aquí de manera breve y clara las razones que los han llevado a exigir la necesidad de devolver la tecnología al lugar que le corresponde antes de que no sea demasiado tarde.
El malestar forma parte de la definición que se da a nuestra época y a nuestro mundo. Se ha convertido en el gran “monstruo” a expulsar de nuestras vidas sea como sea y al coste que sea, a veces, incluso sacrificando nuestra voluntad o renunciando a cualquier forma de compromiso, empatía o solidaridad con los otros. Pero, ¿puede existir un malestar bueno? Esta es la cuestión principal que aborda en este cuaderno Remedios Zafra y que constituyó el eje central de la conferencia inaugural del curso 2024-2025 de Cristianisme i Justícia. Al final, tres intervenciones escritas por los responsables de área del centro, Manu Andueza, Laura Rius y Pau Cuadern, nos ofrecerán una lectura teológica, espiritual y social del malestar bueno, concepto clave de la pensadora cordobesa.
En Cristianisme i Justícia cada fin de año intentamos reflexionar sobre el momento presente con el fin de apuntar a posibles líneas de fuga que se erijan como propuestas para la construcción de un nuevo futuro. En esta línea, hoy proponemos un ejercicio de imaginación sociopolítica con la voluntad de recuperar y rescatar algunas palabras del secuestro y la apropiación tergiversada que de ellas hace el posfascismo. Ante esta afrenta, nuestro pequeño diccionario pretende sacar a la luz sentidos olvidados de los que servirnos todos y todas en nuestro camino compartido hacia la justicia global.
Desdiciendo el tópico de que llorar no sirve para nada, este cuaderno mantiene que, en el contexto actual de globalización neoliberal indolente, la expresión pública del padecimiento constituye una crítica política imprescindible. Y esto sucede porqué al llorar no solo descubrimos a los demás nuestra aflicción interna, sino que llorando junto a otros y por otros podemos convertir el llanto en signo de empatía, protesta, crítica, clamor o resistencia.
Este cuaderno va sobre la conversación, sobre sus condiciones de posibilidad en un mundo donde la distracción y la dispersión lo han empobrecido hasta límites que ni podíamos sospechar. Y el marco o la tradición desde el cual el autor nos habla es el de la espiritualidad ignaciana, una espiritualidad que tiene precisamente en la conversación su lugar central. Y es que como dice el autor "El primer requerimiento para la conversación espiritual es escuchar. Escuchar a fondo, darse cuenta del otro y de su presencia, compadecerse y no pasar de largo. Y después preguntar. No hay interés por el otro sin hacer buenas preguntas; no hay buenas preguntas sin interés espiritual por el otro. Habla y ayudar van juntos, son indisociables"
Publicamos en forma de cuaderno virtual este texto póstumo e inédito de Víctor Codina, que acabó de escribir unos meses antes de su muerte, casi como un testamento. No es fácil señalar el género literario de este cuaderno. Es historia de la teología desde el concilio Vaticano II (1962-1965) hasta el día de hoy. Pero no es una simple historia sistemática de los sesenta años del posconcilio, sino una teología narrativa y personal. Son páginas en las que narra el encuentro con diversas personas y colectivos que simbolizan varios momentos de la Iglesia postconciliar. Sirva como homenaje a Víctor, pero también a todas aquellas y aquellos que salen citados y que escribieron una de las páginas más fructíferas de la historia de la teología.
Este cuaderno habla de un encuentro: el del Cristo y el cristianismo con la cultura y las culturas. Un encuentro complejo del que nadie va a salir igual: ni la cultura va a ser la misma después del encuentro con el Evangelio ni el cristianismo permanece intacto al relacionarse con aquella. No solo se trata de reconocer cómo el Espírito de Jesús está activo y presente en la cultura, ni de la función crítica que respecto de esta tiene siempre el Evangelio. El mismo misterio de Cristo hace del cristianismo una religión de diálogo, necesitada de la alteridad del otro, nunca completa del todo.